Mi Magis

Llegó con una llamada de teléfono. Hola, soy Eugenio Perazza, de Magis. ¿Conoce la Magis? Sí, respondo, la del pabellón todo verde, en Tortona. Sí, dice, me gustaría tener una obra suya, he visto su sofá de Giovannoni, una pieza hermosísima. Sí, gracias, le digo, ¿habla del On the Rocks? Sí, dice él. Exacto, querría una pieza así, así de crujiente. Corría el año 2004. Después nos vimos, primero en mi casa y luego muchas veces en la Magis, con Matteo y algunas veces con Enrico. La primera vez, yo me ocupé de virtualidad digital. Se trabajaba muy bien y había una gran hospitalidad. Muy importante ser buenos comedores, sobre todo a mediodía, porque allí con eso no se juega. Pasaron algunos años. Por aquella época íbamos al Cacciatore. Pez recién pescado, nada de menús. Yo quería una estructura elástica, toda entera, y nació la Annett. Los de Magis debieron afrontar dificultades e imprevistos. Trabajaron duro. Un record de tecnología y comodidad. La Magis, una familia. La de la Magis, una idea de vanguardia: una empresa de proyectos y una actividad derivada de alta calidad. Un almacenamiento inteligente, una red comercial original, un empresario iluminado y fanático de las cosas bellas y de calidad. Él quería que yo le hiciera un acolchado. Todavía no he entendido bien en qué consiste el secreto de la Magis, una empresa joven a pesar de sus 40 años, todavía imprevisible y llena de aventura. Fascinante como una mujer, hermosa y enigmática, de aquella zona, una mujer del este.

Muchas felicidades y un dedo de vino blanco para brindar, y cien años más de éxitos.

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